Entre planos y el viento: una declaración de principios

Un espacio donde los pensamientos también se dibujan
Nunca imaginé que llegara el momento en que necesitara escribir para no desbordarme. Pero aquí estoy, entre planos, entregas, renders, correos urgentes y esa vocecita interna que, desde hace rato, me viene diciendo: “soltá un poco, mujer, escribí.”
Así nace este blog: no como un capricho, sino como una necesidad con nombre y apellido.Se llama vida —la mía— y últimamente está llena de líneas rectas en el papel, pero curvas emocionales en el pecho. Y yo, arquitecta de profesión y de pasiones múltiples, decidí que era momento de diseñarme un espacio propio. Sin métricas, sin R.O.I., sin supervisión. Un rincón para decir lo que no cabe en los planos.
¿Por qué “Entre planos y el viento”?
Porque así me siento: viviendo entre lo concreto y lo invisible. Entre deadlines y sueños. Entre la lógica y el impulso.Los planos son lo que proyecto hacia afuera: mi trabajo, mi carrera, mis títulos (que, modestia aparte, no son pocos).El viento, en cambio, es lo que me atraviesa por dentro: emociones, contradicciones, pasiones que no siempre muestro, pero que están. Y a veces, soplan fuerte.
Este blog será eso: un cruce de caminos.Voy a hablar de arquitectura, sí. De proyectos, de liderazgo, de creatividad en el caos. Pero también voy a hablar de mí. De lo que me inspira y lo que me agota. De la música que escucho en bucle cuando siento que no doy más. De por qué corro sin saber a dónde a veces. De lo que significa ser mujer en un entorno que todavía mide la competencia con regla metálica. Y de lo que significa permitirse no ser perfecta ni productiva todo el tiempo.
No prometo constancia, pero sí honestidad.
No prometo finales felices, pero sí historias reales.
No soy influencer, gurú ni coach de vida. Soy una mujer de 36 años que sueña en grande, que dirige proyectos mientras escucha Imagine Dragons y que hace renderizados con Taylor Swift de fondo y un poco de Imagine Dragons para mantener la dignidad.
Así que si llegaste hasta aquí, bienvenido.
Te invito a caminar conmigo entre planos, ideas, pensamientos y ráfagas de viento. Tal vez no lo tenga todo resuelto, pero al menos —por fin— empecé a escribirlo.




Comentarios