Nuevos comienzos: redescubrirse a uno mismo

Hace dos días fue comienzo de un nuevo capítulo profesional para mí, al cruzar a puerta de mi nuevo trabajo, sentí una mezcla de emociones. Con el corazón un poco ligero y la mente serena, me permití simplemente vivir la experiencia sin exigirme expectativas. No porque dudara de este nuevo lugar -que ponto será mi segundo hogar- ni mucho menos poque dudara de mí. Simplemente, quise vivirlo sin esa presión de que todo debe ser perfecto, o provocar un “buen feeling” inmediato. Esta vez, decidí dejarme sorprender por el proceso.
A veces, los nuevos comienzos tienen esa carga de incertidumbre que nosotros mismos creamos, pero me prometí que está vez no iba a ser así.
Al llegar me sorprendió lo natural que se sintió todo. Como si hubiera encontrado una pieza de rompecabezas que había estado esperando encontrar su lugar. La gente me recibió con una calidez que casi podía tocarse, y el trabajo, ese trabajo que ya conozco y que tanto amo hacer, se sintió como un reencuentro con un viejo amigo al que hace mucho tiempo no veía. Se sintió como un abrazo postergado y añorado por mucho tiempo.
Hubo un momento, mientras organizaba mi escritorio, ajustaba mi silla y colocaba mis cosas en su nuevo lugar, en el que me di cuenta de lo mucho que había temido este cambio, y de lo innecesario que había sido ese miedo. A veces, nos convencemos de que lo desconocido es un abismo, cuando en realidad es una puerta esperando ser abierta.
¿Cuántas veces nos perdemos de oportunidades maravillosas por no querer dar ese paso al frente?

Y, sin embargo, aquí estoy yo hoy, en un entorno nuevo, en un escritorio nevo, rodeada de caras nuevas, pero sintiéndome más yo que nunca.
Esa es la belleza de los nuevos comienzos, tienen la magia de permitirnos redescubrirnos. Son un recordatorio de que somos capaces de reinventarnos, de aprender algo nuevo, de encontrar alegría en lo inesperado. Y, sobre todo, nos enseñan que la valentía no siempre se trata de hacer algo extraordinario, a veces es simplemente atreverse a dar un paso más.
Si estás en ese punto en el que el miedo al cambio te paraliza, quiero decirte que es normal. Es humano sentir ese vértigo antes de saltar. Pero también quiero recordarte que al otro lado del miedo hay una versión de ti esperando florecer. Que la verdadera magia sucede cuando te das la oportunidad de confiar en ti mismo y en el proceso.
Así que, da ese paso. Permítete sentirte incómodo un momento, porque lo que viene después vale cada segundo de esa incomodidad. Al final, te darás cuenta de que no solo puedes con el cambio, sino que estabas más que listo para él.





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