Renunciar no fue rendirme. Fue elegirme.
Actualizado: 24 jul 2025

El 15 de julio de 2025 marqué un antes y un después en mi vida. Ese día, después de meses de desgaste emocional, silencios tragados, y una lucha interna que casi me quiebra del todo… decidí renunciar a mi trabajo.
No fue una decisión impulsiva. Fue una decisión pensada, discutida con mi familia, evaluada desde cada ángulo posible. Pero también fue una decisión dolorosa, porque durante mucho tiempo me negué a aceptarlo: el lugar donde trabajaba, al que le había entregado tanto, es un lugar tóxico y me estaba apagando.
Durante años me entregué por completo: dirigí equipos, diseñé proyectos con alma, sostuve responsabilidades que no me correspondían y me esforcé por ser una líder justa, humana, creativa. Y, sin embargo, al otro lado, lo que encontré fueron dinámicas de abuso, falta de reconocimiento, manipulación emocional y, sobre todo, una normalización de maltrato como parte de la cultura laboral.
Lo intenté todo.
Intenté hablar. Intenté adaptarme. Intenté resistir.
Hasta que ya no pude más.
Mi salud mental se vino abajo.
Mi cuerpo empezó a pasarme factura.
Mi luz se estaba apagando.
Y por un momento temí perderme por completo.
Fue entonces cuando entendí que quedarme no era valentía, era autodestrucción.
Y renunciar no era rendirme. Era elegirme.

Lo platiqué con mi familia. Lloré. Dudé.
Pero sus palabras me sostuvieron como un faro: Aunque se vea mal profesionalmente, aunque te juzguen, tu salud está primero. “Tu vida está primero,”
Y decidí hacerlo: presenté mi renuncia sin explicaciones, sin preaviso. No porque me faltara profesionalismo, sino porque ellos ya lo habían perdido todo conmigo. No merecía una justificación, ni una lágrima más. Ni una sola vez más verme agachar la cabeza.
Me fui con todas las cartas en contra.
Y aún así, me fui en paz.
Hasta el último momento, intentaron atacarme.
Usaron palabras como “poco profesional”. Intentaron reducir todo mi trabajo, todos mis logros, a un chantaje económico.
Pero ya era tarde.
Ya no podían herirme.
Sus técnicas de manipulación solo sirvieron para recordarme que había tomado la decisión correcta. Ya no les tenía miedo.
Porque cuando una mujer se elije a sí misma, no hay sistema que pueda doblegarla.

Hoy escribo esto con el alma más libre.
Me siento como si me hubiera quitado de encima una estructura que me asfixiaba.
Y por primera vez en mucho tiempo… respiro.
No sé exactamente que viene ahora, pero tengo las expectativas muy altas.
No tengo todas las respuestas, pero tengo claridad: Ya no quiero construir sueños ajenos a costa del mío.
Ya no quiero liderar desde la angustia.
Ya no quedarme en lugares que me exigen desaparecer para encajar. Este cierre no es una derrota. Es un renacimiento.
Si vos estás leyendo esto y sentís que no podés más… si has llorado en silencio, si has dudado de tu valor, si estas en un entorno que te quiebra más de lo que te impulsa: no estás sola.
Se que da miedo. Sé que duele.
Pero te prometo que del otro lado hay vida. Hay ligereza. Hay futuro.
Y, sobre todo: hay dignidad.
Hoy camino más liviana.
Hoy me construyo.
Hoy diseño mi vida desde otro lugar.
Y eso también es arquitectura.
Laura Calix
Entre Planos & el Viento
Diseño con alma, forma y Viento





La mayor fuerza es decir basta de aquí no más, para poner limites nunca es demasiado tarde y elegirse a uno mismo siempre es la mejor decisión.
He investigado y nadie habla acerca de lo que realmente "cuesta" un proyecto, no en lo económico sino en factor humano a costa de que se obtienen esas viviendas, esos puentes y esos bonitos restaurantes?
Sinceramente que falta de responsabilidad humana a todo nivel.
Animo Laura, de aqui en adelante, solo brillo!
Felicitaciones!
Un lindo post y refleja mucha valentía