Dejar no siempre es perder.
Actualizado: 3 may 2025

Hay decisiones que no gritan.
No se celebran. No llevan fuegos artificiales ni aplausos.
Son silenciosas, pesadas, privadas.
Se sienten como una especie de duelo, aunque nadie haya muerto.
No sé cómo empezar este post.
Y tal vez eso tenga todo el sentido del mundo... porque tampoco sé cómo empezar a soltar.
Hay decisiones que no vienen envueltas en certezas.
Hay momentos en los que uno simplemente se detiene, mira alrededor y se pregunta:
¿Cómo llegué hasta aquí? ¿Cuándo comencé a sentirme tan cansada?
Este post nace desde ese lugar. Desde el cansancio. Desde la confusión. Desde el corazón que aún late por lo que ama, pero que también empieza a doler por todo lo que ya no se siente bien.
Sigo trabajando en el mismo lugar al que he entregado años de mi vida. Un sitio que alguna vez me ilusionó profundamente. Un equipo al que quise construir desde la entrega, desde el amor por el diseño, desde la pasión por liderar. Pero últimamente... algo se quebró.
La semana pasada tuvimos una reunión.
Tres horas para definir roles, funciones, nuevos caminos.
Tres horas en las que se me dijo que "soy buena, muy capaz, que no quieren perderme".
Y, sin embargo, bastaron unos minutos para que la conversación cambiara de tono.
De pronto, todo giró de nuevo hacia lo conocido:
Que no acepto críticas.
Que mi equipo no sirve.
Que no sé liderar.
Que cometemos errores básicos.
Que no se diseña bien.
Que todo hay que resolverlo desde arriba.
Que generamos pérdidas para la empresa.
Que la culpa es siempre nuestra.
Mía.
Lo escuché todo en silencio.
Porque ya lo había escuchado antes.
Y porque una parte de mí... ya no sabe si defenderse, callar, o simplemente rendirse.
Pero ¿qué sería rendirse?
¿Decidir irme?
¿O quedarme y seguirme apagando?
No lo sé. No tengo respuestas.
Solo tengo una especie de nudo en el pecho que va creciendo día con día.
Una mezcla de tristeza, frustración, culpa y ese deseo silente de volver a sentir paz.
Y a pesar de todo, me cuesta imaginarme fuera.
Porque yo no trabajo "solo por trabajar"
Yo me involucro. Yo creo. Yo sueño con cada plano.
Y eso hace más difícil este momento: cuando amar lo que haces no alcanza para sostener el entorno que te rodea.
He pensado mucho:
¿Estoy siendo débil? ¿Estoy huyendo? ¿Estoy traicionando lo que tanto luché por construir?
Y también he empezado a considerar lo contrario:
¿Y si no es huida? ¿Y si es cuidado propio? ¿Y si el acto más valiente es decir basta, incluso sin tener claro lo que viene después?
No tengo una conclusión.
No tengo aún la fuerza para decidir.
Pero sí tengo esta voz.
Y hoy decido usarla.
Porque sé que no soy la única parada en esta cuerda floja emocional.
Sé que allá afuera hay muchas personas intentando mantenerse en pie mientras cargan el peso de una decisión que no se toma con la cabeza ni con el corazón, sino con ambas luchando por tener razón.
Y por eso escribí esto.
No para dar respuestas (porque no las tengo), sino para acompañar preguntas.
Sí, estoy dividida.
Hay una parte de mí que quiere quedarse, que quiere seguir luchando, seguir apostando por el equipo, seguir dando todo de mí como lo he hecho desde el primer día. Esa parte que ama lo que hace y que aún cree que las cosas pueden cambiar.
Pero también hay otra parte que susurra cada vez más fuerte:
"Ya no te sacrifiques más. Ya no te sigas rompiendo en nombre de una lealtad que no te está cuidando."
Y entre el corazón que aún espera y la razón que pide paz, estoy yo.
Parada justo enfrente de la bifurcación.
La decisión, en mi caso, aún no está tomada.
Pero hoy decidí escribir este post porque tal vez alguien más, como yo, se encuentra es esa cuerda floja emocional, intentando decidir si se queda o si se va.
Y si estas palabras le dan un poco de claridad, de fuerza o simplemente lo hacen sentirse acompañado... entonces ya valió la pena.
A veces no se necesita tener la respuesta.
A veces lo valiente es simplemente animarse a hacerse la pregunta indicada.





Comentarios